La avenida que lo recuerda arranca en Villa Crespo y termina junto a Agronomía. En buena parte de esas treinta cuadras están concentrados cientos de negocios de repuestos de autos. El coronel peleó junto a Belgrano y liberó esclavos.


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Ignacio José Javier Warnes y García Zúñiga nació el 27 de noviembre de 1770 en una quinta de lo que hoy es el barrio de Boedo. Su padre fue Manuel Antonio Warnes y Durango y su mamá Ana Jacoba García Zúñiga. A los 21 años se incorporó como cadete del Regimiento de Blandengues, lo que marcó el comienzo de su carrera militar. Su bautismo de fuego se dio en 1806 y 1807 peleando contra los invasores ingleses. Lo que vino después lo transformó en anécdota de esa vida que lo forjaría héroe de la libertad americana.

Su foja lo muestra como figura en las victorias de Tucumán (1812) y Salta (1813), dos batallas casi fundamentales para sostener la Revolución de Mayo de 1810. También iba a estar en el triunfo de Las Piedras y en los desastres de Vilcapugio y Ayohuma. Sin embargo, esas duras derrotas no le quitaron sus ambiciones. Por su acción, el general Manuel Belgrano lo ascendió a coronel y le encargó reorganizar la zona de Santa Cruz de la Sierra (actual Bolivia). Y allí fue Warnes, a liderar una guerra de guerrillas que frenara el avance español. Tras la victoria de La Florida (batalla que le da nombre a la famosa peatonal porteña), junto con el general Juan Antonio Alvarez de Arenales, tomó Santa Cruz y Cochabamba para crear una provincia libre del Imperio español.

Warnes gobernó ese territorio hasta 1816. Y su primera medida fue disponer la libertad de todos los esclavos, lo que dio origen al regimiento de Pardos Libres. Pero España no resignaría tan fácil sus dominios. En 1814, con Fernando VII repuesto en el trono, se decidió que dos regimientos, integrados por veteranos que habían peleado contra Napoleón, vinieran a terminar aquel foco revolucionario. Al mando estaba Francisco Xavier de Aguilera, un criollo nacido en 1772 en Santa Cruz de la Sierra, pero enrolado en el ejército imperial. Su fama de sanguinario implacable creció después de que derrotara al caudillo Manuel Ascensio Padilla (marido de Juana Azurduy), a quien degolló. Dicen que sus tropas solían cortarle una oreja a los enemigos sobrevivientes, como ejemplar castigo por rebelarse contra el poder.

Las fuerzas de Warnes y Aguilera se encontraron en el prado de El Pari el 21 de noviembre de 1816. Eran unos 1.000 patriotas contra 1.600 hombres mejor armados y equipados. Dicen que fue la batalla más sangrienta de todas las que hubo en la Guerra por la Independencia. El combate duró cinco horas y hubo un hecho clave que decidió el resultado: un cañonazo mató al caballo de Warnes y el coronel quedó atrapado debajo. Un soldado del regimiento de Talavera lo mató con su bayoneta. Aguilera ordenó degollar el cadáver y la cabeza, clavada en una pica, fue expuesta en la plaza de Santa Cruz, adonde llegó junto con apenas 200 sobrevivientes de su ejército. Como castigo restableció la esclavitud y mandó matar a unas 900 personas que seguían las ideas de Warnes. El coronel argentino quedó en el recuerdo (en especial en Bolivia) como un verdadero héroe americano. Las exitosas campañas libertadoras de San Martín y Bolívar terminaron con el dominio español. Aguilera fue el último jefe del ejército imperial en ser derrotado y capturado. En noviembre de 1828 lo fusilaron en Vallegrande. Pero esa es otra historia.

Extracto de la nota original de: www.clarin.com
Autor: Eduardo Parise